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Museo de Atalaya :“desde la nueva Atalaya de Jerez…”

Estamos en Jerez…¿se imagina un sueño mágico donde un sabio anciano relojero nos invita a conocer una colección única en Europa? ¿y un taller en el s. XIX con una máquina de movimiento perpetuo?…o un sereno misterioso que nos adentra en el Olimpo donde los mismos Dioses disfrutan del jerez?¿y unos potros cartujanos galopando hacia nosotros, en pantallas gigantes, donde hace dos siglos dormía el afamado vino de Jerez?…En “El Misterio de Jerez” nos dan la bienvenida a “una tierra misteriosa que sabe, cuando es amada, transformar las lágrimas y el sudor del hombre, en un néctar de dioses…”

Todo eso lo podemos ya disfrutar en el Centro Temático “ La Atalaya”, unos jardines con árboles centenarios, son ahora testigos de un cúmulo de sorpresas que saben alternar lo clásico y lo moderno de forma totalmente innovadora. Una fuerte apuesta por el turismo cultural y temático, completamente la ya abundante y variada oferta de ocio de Jerez y el resto de las provincias de Cádiz, que disfruta de su mejor momento de desarrollo turístico.

Música clásica y flamenco puro, tic-tac de relojes únicos y antiquísimos (s. XVII, XVIII y XIX), sonerías de Brackets ingleses, estilos artísticos de la época dorada del Arte, escenas del s. XVI que cobran vida…y un sinfín de sensaciones que sólo aquí podremos percibir.

Los museos Palacio del Tiempo y El Ministerio de Jerez se encuentran en el borde del centro monumental de la ciudad, en el Barrio de Santiago ya escasos metros de la Real Escuela Andaluza de Botánico, y en suma, en el núcleo urbano turístico ineludible para disfrutar del verdadero Jerez.

El nuevo Museo de Relojes de Jerez…un poco de historia
En la ciudad de Jerez se alzaba el palacete “ La Atalaya”, magnífica construcción neoclásico-victoriana, rodeada de hermosos jardines y aves exóticas, sobre todo pavos reales. En este palacio se alojaba una joya artística dentro de su género: la más variada colección de relojes antiguos europeos que, constituida en museo, venía enriqueciendo desde 1973 el panorama cultural español.

El Museo de Relojes inició su colección en el año 1972, tras una exposición de piezas procedentes del Convento de los Padres Capuchinos que lo habían heredado por legado testamentario de la Condesa viuda de Gavia (del castillo de San Marcos, en el Puerto de Santa María). De este modo se adquirió un conjunto de 152 relojes con los que inició este museo, inaugurándose el 20 de Marzo de 1973.

En 1974 se engrosaron los fondos con 74 relojes de la colección Pedro León, ampliándose en 1977 con una nueva remesa de un centenar, proveniente del mismo coleccionista. De esta forma se han alcanzado los 302 relojes que actualmente posee la Fundación Andrés de Ribera.

Las salas de exposición ocupaban a la derecha del palacio. Para adaptar el interior de las habitaciones decimonónicas a un moderno conjunto museístico, se utilizó el corcho como recubrimiento en paredes y suelos. Este material, por sus características intrínsecas, aislaba de los cambios exteriores, mejoraba la calidad sonora y sobre todo, constituía un perfecto enmarque para destacar en toda su belleza los relojes expuestos, deseo al que igualmente contribuyeron los soportes transparentes, elegidos en función de nos distraer al espectador. En el aspecto técnico así mismo, se cuidaba con detalle la iluminación.

En la actualidad, y en un proyecto más amplio del conjunto de los jardines de “ La Atalaya”, se han reformado por completo este palacio, de nuevo en estilo del XVIII-XIX, para albergar esta colección única por todas sus salas y de un a forma totalmente innovadora y con moderna tecnología: lejos ya de ser un museo al uso, ofrecemos un espacio expositivo donde una densa colección de arte estará a disposición del gran público en un viaje mágico por el tiempo, con la ayuda de efectos especiales sonoros y lumínicos, hologramas y un sin fin de medios de vanguardia, que van a potenciar su carácter de única en el mundo.

La colección dispone de un conservador cuyo objetivo es mantener en perfecto estado de funcionamiento estas delicadas máquinas de tiempo. Curiosamente, es el único museo de relojes cuyos ejemplares se encuentran en perfecta sincronía y funcionamiento, siendo de gran atractivo escuchar sus sonerías (cada 15 minutos). Abarca cronológicamente los siglos XVII al XIX, época más productiva y variada de la técnica relojera y francesa. En menor proporción, se incluyen otras nacionalidades: italiana, suiza, austriaca, y alemana. La italiana es la caja más antigua, un reloj-chimenea realizado en ébano y piedras semi-preciosas (s. XVII año 1670). Destacar también los famosos relojes de bolsillo ginebrinos o el reloj de carroza austriaco.

La variedad es aún más patente en la temática: mitologías sobre todo en el estilo Imperio: Dioses griegos y romanos, héroes, personajes simbólicos y alegóricos, etc. No faltan las referencias históricas a emperadores y reyes, ni las escenas costumbristas llenas de ingenuidad y belleza, mezclando a veces motivos orientales, muy en boga durante el s. XIX. Mención especial exigen los zócalos de las piezas, decorados con escenas en relieve que aluden al tema principal completando su significado.

En cuanto a los materiales, se observa la mayor utilización del bronce, preferentemente en “ormolú” (dorado al oro molido), con mármoles de Carrara, cristal de Baccarat, lapislázuli y otras piedras semipreciosas. En otros casos, el bronce se limita a rematar cajas de madera nobles o bien combinados con marquetería de concha o marfil.

En el reloj de bolsillo, sin embargo, predominan el oro y la plata decorados con perlas y esmaltes. La calidad viene rubricada a menudo por la firma en la esfera de los relojes más prestigiosos, destacando los maestros franceses: Robin, Le Roy, Berthoud, Lepaute…o los ingleses como Knifton, Frodsham, Markham, Prior…

El reloj inglés en general se caracteriza por la sobriedad decorativa, siendo especial el interés por la máquina en sí misma, su solidez y perfección.

Podemos hablar de 3 amplias clases: el reloj de caja larga (long case), el reloj de sobremesa (bracket clock) y el reloj de bolsillo (watch), todos ellos ampliamente representados en la colección.

Entre los brackets destacan por su originalidad:
El reloj linterna que , procedente del reloj gótico, esta realizado en latón y posee una esfera de tamaño desmesurado.

El reloj esqueleto, en el que se suprime la caja dejando la máquina al descubierto.

El reloj de numeración turca, reflejo del floreciente mercado inglés.

En cuanto al reloj francés, destaca por la belleza ornamental siendo su máquina generalmente más frágil. Así, en el estilo Luís XIV, comprobamos que las cajas son verdaderas obras de arte, gracias a la habilidad del famoso ebanista Charles Boulle, creador de la marquetería a base de concha de tortuga, cobre y estaño.

Del estilo Luís XIV, uno de los más bellos, se pueden admirar modelos muy variados: el reloj en forma de lira, los realizados en forma de “biscuit de sevres” o los de la esfera giratoria. Muy atractivos son también los de chimenea con guarnición, resaltando uno de las series “continentes” dedicado a América, de la época Directorio.

Del estilo imperio hay una completa muestra: el reloj jarrón, la amplia gama del reloj columna, monumentos egipcios…

Por último hay unos ejemplares curiosos como las autómatas: el payaso que juega con cubiletes, la fuente o el barco que se mece suavemente, un reloj chinesco, el reloj misterioso o el reloj de sol en forma de cañón.

La reunión de las características citadas y la gran calidad de sus piezas, hacen que esta colección sea considerada como una de las más importantes dentro de la relojería mundial, y por tanto visita obligada para quienes visitan Andalucía.

El Palacio del Tiempo de Jerez: Un museo vivo
Escuchar las sonerías de los relojes es sólo uno de los grandes atractivos del Palacio del Tiempo de Jerez. Para mantener viva la colección, el museo cuenta con conservadores, artesanos relojeros que son auténticos “cirujanos” del Tiempo, y cuya finalidad es asegurar el funcionamiento de estas delicadas máquinas (la más antigua data de 1670…). Éste es el único museo de relojes cuyos ejemplares, todos, se encuentran en perfecta sincronía y funcionamiento. Los relojes “nos hablan” durante el recorrido, prácticamente cada 15 minutos, y nos “susurran” con su tic-tac.

La variedad y la gran calidad del Palacio del Tiempo de Jerez, hacen que esta colección sea considerada una de las más importantes dentro de la relojería mundial, y por tanto visita obligada para quienes acuden a Andalucía. Sus salas encierran magia e Historia. Si a todo ello sumamos una ambientación onírica, dieciochesca, y música barroca de Johann Sebastian Bach (The Cello Suites, Brandenburg Concerts), Vivaldi y J.D. Zelenka, el resultado no puede ser más atrayente.

La colección abarca cronológicamente los siglos XVII al XIX, la época mas productiva y variada de la técnica relojera inglesa y francesa. En menor proporción, se incluyen también otras producciones: italiana, suiza, austriaca y alemana. Por ejemplo, la caja más antigua de toda la colección es la única italiana que se muestra. Se trata de un reloj-chimenea realizado en ébano y caoba, con nácar y lapislázuli incrustados, piedras de color y ágata…La máquina que aún lo hace funcionar es posterior, del s. XIX y del prestigioso relojero inglés Frodsham, que trabajaba para la Reina Victoria de Inglaterra.

La amplia variedad se hace aún mas patente en la temática. En el estilo Imperio francés es sobre todo mitológica, con dioses romanos y griegos (Diana Cazadora, Eros, Cronos, Neptuno…), héroes, faunos, ninfas, personajes simbólicos y alegóricos. No faltan tampoco las referencias históricas a emperadores y reyes (Justiniano, Luís XIV, Luís XV…), ni las escenas costumbristas llenas de ingenio y belleza, que a veces se mezclan con motivos orientales, muy en boga en el s. XIX.

Mención especial merecen los zócalos de las piezas, decorados con escenas en relieve que aluden al tema principal completando su significado. En cuanto a los materiales, se observa la gran utilización del bronce, preferentemente en “ormolú” (dorado al oro molido), los mármoles de Carrara, cristal de Baccarat, concha de tortuga, latón, mármol rojo, verde y pórfido, etc. …En otros casos el bronce se limita a rematar las cajas de maderas nobles o combinadas con marquetería de concha o marfil.

En general, el reloj francés destaca por la belleza ornamental aunque las máquinas suelen ser mas frágiles. Así en el estilo decorativo Luís XIV, las cajas son verdaderas obras de arte, gracias a la habilidad del mueblista ebanista y escultor Andre-Charles Boulle (1642-1732), quien llegó a maestro con 24 años y fue nombrado “Ebanista, cincelador, dorador y escultor del Rey”, dándosele alojamiento en el mismísimo Louvre para que trabajase en los talleres reales. Por supuesto, también fue un coleccionista empedernido de relojes y el creador de la marquetería a base de concha de tortuga, cobre y estaño, que lleva su nombre.

Dentro del estilo Luís XIV, uno de los más bellos, se puede admirar modelos muy variados. El reloj en forma de lira, los realizados en “biscuit de sèvres” o los de esfera giratoria o “tournant”. Muy atractivos son también los de chimenea con guarnición, resaltando uno de la serie Continentes, distribuida en otras colecciones por el mundo.

Del estilo Imperio hay una muestra muy completa: el reloj jarrón, la amplia gama de reloj columna, con monumentos egipcios, relojes semi-esqueleto, etc. En los relojes de bolsillo franceses predominan sin embargo el oro y la plata, decorados con perlas y esmaltes. La calidad de los relojes franceses viene rubricada por los prestigiosos maestros LeRoy, Berthoud, Lepaute, …Los maestros ingleses que encontraremos serán Frodsham, Prior, Knifton, Markham, … y un largo etcétera hasta completarse las 302 piezas.

El reloj inglés se caracteriza por la sobriedad decorativa, ya que el interés se centra en la máquina, en su solidez y precisión. Se puede hablar del tres grandes categorías: el reloj de caja larga (long case), el reloj de sobremesa (bracket) y el reloj de bolsillo (watch), todos ellos ampliamente representados en la colección.

Entre los brackets destaca el reloj linterna, que procedente del reloj gótico, está realizado en latón con una esfera desmesurada. También el reloj esqueleto, que deja la máquina totalmente al descubierto. Y finalmente, el reloj de numeración turca, fiel reflejo del floreciente mercado inglés, encargado en el s. XVIII por un Rey Persa. Por último, mencionaremos ejemplares muy curiosos como los autómatas: el trilero que juega con cubiletes, el barco de bronce pavonado, el reloj chinesco, el reloj misterioso o el reloj de sol en forma de cañón.

Patio de Losada
Se accede al Palacio por su patio central o de Losada. Nos sorprende una magnífica lámpara de cristal de Bohemia manufacturada en Praga, y bajo la que podemos contemplar la primera pieza relojera: el reloj de Losada, muy valorado entre coleccionistas y entendidos de la relojería. José Rodríguez Conejero, más conocidos por su seudónimo tomado de la comarca que le vio nacer, la de Losada (concretamente en el pueblo leonés de Iruela), fue un prestigioso maestro relojero y cronometrista de la Armada, además de proveedor habitual de la Casa Real Española. De su taller salieron numerosos relojes de bolsillo, el reloj de la Casa de Correos en la Puerta del Sol madrileña, innumerables cronómetros marinos… En Jerez, sabedores en el s. XIX del prestigio de este relojero, decidieron encargar desde su Cabildo esta valiosísima maquinaria relojera. Losada ya había realizado un reloj inspirador del que aquí exponemos, para colocarlo en el Puente londinense de Charing Cross, y movido desde el Observatorio de Greenwich.

El costo inicial de este reloj-farol público, que se terminó y colocó en 1867, fue de 12000 reales, y lo encargó el propio Ayuntamiento de Jerez para ubicarlo en la Plaza del Arenal (entonces “de la Constitución”). Conectaría por cableado eléctrico sobre las azoteas con la estación de ferrocarril, para el buen control horario de salida y llegada de trenes. Y fue Losada quien lo convirtió finalmente en reloj de cuerda con 4 esferas, evitándose así las continuas interrupciones de los relojes eléctricos. Esta maquinaria llena de historia es ahora el corazón del museo.

También se exponen unos retratos de los Condes de Gavia. Es nuestro pequeño homenaje a la Viuda Condesa de Gavia, Dña. Mª Del Carmen Fernández de Córdoba y Pérez de Barradas, conocida cariñosamente como Fray Carmela, por ser profundamente religiosa y franciscana, quien originó de alguna manera esta colección de relojes con su remesa de 152 piezas francesas, que donó en legado testamentario a los padres capuchinos de El Puerto de Santa María. La condesa nació en Madrid en 1865, y sus restos descansan en el altar mayor de la Parroquia de San Antonio, en Bravo Murillo, templo proyectado y realizado bajo su iniciativa y mecenazgo. El Conde de Gavia era D. Francisco Losada de la Riva, natural de Córdoba, quien murió en Madrid en 1930.

Esta colección y otras dos de carácter privado de Pedro de León, fueron las adquiridas por D. Zoilo Ruiz Mateos, fundador del holding Rumasa. En Marzo de 1973 es visitada la colección de relojes de Jerez por vez primera, y en los años 80, tras la expropiación de la empresa española, pasa a crearse la Fundación Rumasa, hoy en día Fundación Andrés de Ribera, que gestiona el Centro Temático “ La Atalaya”, enclave de este renovado museo.

Salón Luís XV
Aquí nos observa un reloj francés de tipo boulle, coronado por el Dios del Tiempo, Cronos, el dios alado, con su guadaña. Cada sala, gracias a efectos de luz y a las proyecciones, sugiere un ambiente nuevo. Visitarlas es dejarse llevar a través de la historia para descubrir los esfuerzos del hombre por medir el Tiempo. En esta sala aprenderemos mucho más acerca de todo ello: primero a partir de la mera observación de la naturaleza, fases lunares, migración de aves, las mareas, los cambios periódicos del clima, las estrellas, … Después con los calendarios babilónicos, aztecas, mayas, las clepsidras egipcias o relojes de agua, las antorchas, los obeliscos, los calendarios romanos, cuadrantes solares, … hasta llegar a los campanarios de las iglesias en la Era Cristiana y las máquinas rudimentarias como artefacto motriz de grandes y pesadas ruedas de hierro.

Diferentes grabados nos ilustran sobre la forma en que los mojes medievales distribuían sus tareas según las horas del día, o explican las diferentes fases de fabricación de una campana. También veremos cómo la llamada a la oración del muecín de un minarete en los enclaves musulmanes eran una pista para el pueblo llano, que se orientaba según estas llamadas para saber en qué momento del día se encontraban.

Galileo Galilei, Isaac Newton y Christiaan Huygens nos observan. Son sólo algunos de los protagonistas del desarrollo de la relojería, y veremos detalles de estudios antiguos sobre las piezas del complicado engranaje de un reloj. La necesidad de precisión en la navegación y del comercio de ultramar también impulsaron el perfeccionamiento y la amplia difusión del reloj gracias al mecenazgo de reyes ingleses y portugueses. Es la época en que se definen los paralelos y meridianos, las franjas horarias del mundo, y se escriben los primeros tratados serios sobre relojería.

El péndulo es la clave y nuestro punto de partida: Galileo observa el balanceo constante de una lámpara sentado en la catedral de su pueblo natal, Pisa, y descubre que no hay una fuerza motriz aparente… es el isocronismo del péndulo, que luego aplicaría a un reloj por primera vez el físico holandés Christiaan Huygens, que en 1656 presenta en Francia el primer tratado sobre “horlogerie” al Rey Luís XIV “El Grande”, también llamado Rey Sol, gran aficionado a la relojería, y que reinó durante 72 años. Este rey es el primero en contemplar la nueva máquina con péndulo: nace así una nueva era de la relojería, el arte de medir el Tiempo.

La música también nos acompaña en nuestro recorrido, que acaba de empezar: podremos escuchar aquí extractos de las Suites para Chelo de Johnn Sebastian Bach, las nº 4, 5 y 6 interpretadas por el checo Jiri Barta, así como el Réquiem en D Menor de Jan Dismas Zelenka, también del barroco litúrgico, y del Concierto en C Mayor para Oboe y Orquesta de Antonio Vivaldi, todas obras de comienzos del XVIII.

La Sala Azul
Los relojes de Francia comenzaron a dar mucha más importancia a la decoración del reloj que a la maquinaria. Se llenan de relieves, figuritas y guirnaldas. En su vuelta al clasicismo, el s. XVIII recupera la mitología, las figuras de los dioses y sus atributos se ponen de moda en los relojes. A veces estos dioses griegos y romanos sirven para expresar una alegoría, aunque las artes y ciencias son las más frecuentes.

Finalizando el siglo, el gusto por lo oriental se refleja en las piezas: dragones, caracteres chinescos, o personajes de la mitología china, como Chov o Fokurokuju, dios de la longevidad y la sabiduría. También un reloj farol, con numeración china en lugar de romana, o los relojes de parquet y cartel, precursores del reloj de pared que hoy conocemos, y predominando el tipo de marquetería boulle en sus cajas de gran belleza y ornamentación, con figuras doradas.

El s. XIX se abre con las campañas de Napoleón, que suponen el nacimiento de un nuevo Imperio y un giro que llevará al Romanticismo. Francia se siente heredera de las civilizaciones de la Antigüedad, y surge así un interés arqueológico y artístico por las culturas de Egipto, Grecia y Roma.

El descubrimiento y excavaciones de las ciudades de Pompeya y Herculano, sepultadas por la erupción del Vesubio en 1754, inspira a los artistas neoclásicos franceses. El Rococó, más propio de clases nobles, se considera un estilo frívolo y decadente, contaminado por un barroco exagerado, y la burguesía busca nuevos valores estéticos impregnados de la ilustración, donde el arte debe ser estético pero también debe ser didáctico y enriquecer o educar a quien lo admira, además de ser reflejo de las virtudes cívicas, lejos ya de exaltar el poder de la iglesia o la monarquía.

Este carácter academicista (surgen las primeras Academias) provoca la aparición de las primeras exposiciones abiertas no sólo a eruditos, sino a todo el público, y podemos hablar del primer museo como tal en Londres, con el British Museum (1753).

La música en este punto es de nuevo de Bach, la Suite nº 6 en D Mayor para chelo.

La Sala Oro
Se nos presenta una gran sala dorada repleta de relojes. Es donde veremos mayor número de piezas expuestas simultáneamente. Confundimos aquí el tic tac con los Conciertos de Brandenburgo de Bach, de fondo (Suite nº 2 en B Menor, Obertura).

La bóveda que decora esta sala es una bella alusión al pasar del Tiempo y representa el transcurrir de un día desde el alba al anochecer, recorriendo los mejores y más singulares monumentos y edificios de la ciudad de Jerez: arbotantes de la Catedral, el Cabildo Viejo y fachada del Monasterio de la Cartuja (obra del arquitecto y escultor Andrés de Ribera, del Renacimiento jerezano, y que da nombre a la Fundación que gestiona el museo), Palacio Domecq, las torres campanarios de las iglesias de San Miguel y San Mateo, una réplica del reloj-farol público de Losada (el que exponemos en el patio a la llegada),…

Para situarnos, tras la Revolución francesa (1789), la burguesía había ganado poder frente a la aristocracia convirtiéndose poco a poco en la nueva mecenas del arte. Esta clase media utiliza los medios a su alcance para equipararse a la nobleza, e imita modelos del Antiguo Régimen, con figuras mitológicas y alegorías. Los relojes más frecuentes son los de despacho o sobremesa, con base de mármol y figuras de bronce, a veces dorado. Pero en general, se produce un giro a la sencillez, a la simetría y a una decoración más severa.

Un buen ejemplo son los relojes columna, que recrean un pórtico o templete de arquitectura clásica (neoclasismo de nuevo), normalmente de bronce y mármol de distintos colores, y a veces de madera con péndulos repujados de gran belleza en su cincelado. Las columnas que flanquean la esfera del reloj, son de los estilos clásicos (dórico, jónico o corintio) en sus capiteles.

También surge en esa época, alimentado por la expansión del Imperio, el reloj en forma de ánfora, recordándonos esa moda de imitar las piezas arqueológicas recién descubiertas de la Grecia y Roma antiguas.

Otro modelo frecuente que hallamos en esta sala es el carro o auriga tirada por animales: un león conducido por Cupido, ciervos llevados por Diana Cazadora, bueyes o caballos. La esfera del reloj se inserta en la rueda, de forma que casi no se aprecia que se trata de un reloj, confundiéndose las agujas con los radios de la rueda. Destacar también la aparición del personaje Hércules, en sus trabajos, cuando lucha contra el león de Nemea, o llevando orgulloso su piel como ropaje y escudo.

La Sala Púrpura
En la segunda mitad del s. XVIII surge en Francia un nuevo tipo de reloj: el reloj esqueleto, que basa su decoración en la propia maquinaria. Como antes comentábamos, es una muestra más del interés didáctico que empieza a prevalecer en el arte. Provenían estos relojes del reloj chimenea, a los que se les cambió la caja por una urna de cristal. Algunos incluyen calendario de días y otros accesorios, mientras la esfera se abre para ver el complicado engranaje. Siguen construyéndose a partir del s. XVII los relojes llamados misteriosos, llamados así porque su maquinaria situada en la base o zócalo no tiene aparente conexión con la esfera, que parece flotar en el aire. El secreto está en una minúsculas y delicadas cadenas que alcanzan las agujas del reloj a través de curvas varillas. Algunos ejemplares están hechos en cristal de Baccarat, y son muy apreciados entre coleccionistas. El más bellos de esta sala podría ser de estilo modernista contemporáneo (modernismo daliniano), y es por tanto una obra de arte muy adelantada a su época y originalísima.

Otros relojes columna de esta sala hechos con este cristal producen un efecto óptico curioso, de forma que parecen moverse, debido al grosor y ondulaciones del cristal de Baccarat en sus soportes. En general se trata de relojes de estilo Luís XVI y Carlos X (hermano menor del Rey Luís XVI, que reinó de 1824 - 1830). Como apunte histórico, el Rey Luís XVI fue ebanista y relojero, y reinó a los 20 años. Nieto de Luís XV y de carácter débil, fue juzgado por traición y guillotinado en tiempos de Robespierre (1793).

Algunas de las piezas más exóticas y singulares se encuentran en esta sala. Un mandarín o trilero, un reloj de sol con cañón, realizado en Paris y que en esa ciudad a las 12:00 se disparaba por prender la pólvora al calor de la luz solar a través de la lente, etc.

Tras el empobrecimiento que produjeron las guerras napoleónicas, se impone una vuelta a la sencillez, de gran belleza artesanal. En el estilo Carlos X se reduce el tamaño de las esferas, de metal plateado o esmalte blanco, ganando espacio para figuras doradas que ensalzan la lectura, la maternidad, la astronomía,… La maquinaria también mejora y e de gran precisión. Podemos ver de nuevo temas mitológicos y de la Roma Clásica: Moisés salvado de las aguas, Hércules con las manzanas de Hesperia, el mito de Psique y Eros (Apolo y Dafne), o Eros iluminando a una mujer que escribe cartas a su amado, inspirándola, …

Con la llegada del Segundo Imperio a mediados del s. XIX, los temas se repiten, pero son tratados de manera más libre, y la escultura da un paso más hacia la dificultad técnica.

La Suite nº 6 en D Mayor (Preludio) de las creadas por Bach para chelo es la que nos acompaña en este punto de nuestro mágico recorrido.

La Sala Verde
Llegamos a Inglaterra. Los sonidos nos transportan a un Londres de finales del s. XVIII, la Inglaterra puntual de unos maestros de la precisión que fabricaban máquinas muy distintas a las de sus colegas franceses. Los ingleses adquirieron fama por la calidad de sus máquinas y la sencillez de líneas. La mayoría de estos son relojes de ménsula o brackets, de caja cuadrada y muchas veces con asas para su transporte, que llenan de música las estancias. Se diseñaban transportables porque podían decorar perfectamente cualquier espacio.

El más antiguo fue fabricado en el s. XVII, cuando las cajas se hacían de ébano con rica decoración en bronce dorado y cincelado. Los brackets se hacen acristalados por el frontal y reverso, y las campanas se esconden en la cúpula superior. Las formas suelen imitar una pagoda o templo oriental, rematadas por unas pilastrillas como adorno. Destacar también un reloj realizado en un taller londinense en el s. XVIII por expreso encargo de un rey persa, que exigió una numeración turca en lugar de romana. Era el momento más floreciente del comercio inglés de ultramar.

Después del ébano se usó la caoba y maderas lacadas en negro y rojo. En la década de 1820 comienzan a fabricarse los relojes esqueleto, copiando el modelo francés especialmente el de forma de “Y” invertida. Su maquinaria se encuentra totalmente a la vista, y son de mayor precisión.

En esta época, los relojes ingleses ya incorporan otros mecanismos, los últimos avances técnicos: silenciador, despertador, barómetro, calendario perpetuo, y varias melodías a elegir. Un maravilloso extracto del Réquiem en D Menor de J.D. Zelenka, ambienta esta sala, sólo interrumpido por la música de las bellas sonerías inglesas.

Sala de espejos
El Big Ben nos sale al paso en la noche estrellada de Jerez… y descubrimos cuatro magníficos relojes de caja larga, con péndulo largo o real, que dotaba de mayor autonomía al reloj. Los ebanistas encuentran así más espacio de madera para lucirse en bellos bajorrelieves. Dos son del XVIII y los otros dos del XIX, de gran elegancia. Sus sonerías son fuertes y desafiantes. la sala tiene una acústica muy cuidada, y si nos colocamos en el centro comprobaremos estos efectos sonoros tan curiosos. El Big Ben está presente en este punto del recorrido, merecedor de nuestro modesto homenaje por ser el reloj más emblemático y fotografiado del mundo.

Su campana pesa 13 toneladas y medio ay sonó por primera vez en 1858. Está situado en la torre del reloj de la Casa del Parlamento, y su nombre se debe a Sir Benjamín Hall, primer Comisario de Obras Públicas durante su construcción, un hombre muy corpulento, de ahí el nombre de “Big Benjamín”. Como curiosidades, destacaremos que la aguja minutero mide mas de 4 metros, y la BBC transmitió por primera vez las campanadas del fin de año de 1923. También durante la II Guerra Mundial se accionaban las enérgicas campanadas durante los bombardeos para consolar a los londinenses y mostrar así su resistencia y valentía.

Se trata de 4 esferas a una altura de 400 pies, y en su interior hay incluso celdas para encarcelara los parlamentarios que violasen su privilegio parlamentario (el último caso fue en 1880). El reloj está iluminado por 112 bombillas, garantizadas para durar hasta 60000 horas (15 años de uso normal). Desde 1994 no tiene que subir nadie cada ciertos días los 340 escalones para reponer bombillas. Están además diseñadas especialmente para resistir las vibraciones de las campanas.

Capilla
El Palacio del Tiempo de Jerez se ubica en el restaurado edificio de estilo neoclásico victoriano realizado en el s. XIX, al tiempo que los Jardines de La Atalaya. Este edificio fue mansión de la familia noble jerezana Vergara, y tenía - como era costumbre - un espacio dedicado a los ritos religiosos. Como museo, se ha querido dedicar este espacio tan místico a otras obras de arte de la Fundación Andrés de Ribera: se exponen dos tapices de estilo y época renacentista (s. XVI), cuyo autor es Jan de Struycker, de la escuela de Flandes. Los temas son bíblicos: “El Juicio del Rey Salomón” y “El Niño Jesús hablando con los Doctores”. Las escenas cobran vida ante nuestros ojos… y también podemos aquí admirar una talla anónima en madera del Gótico tardío, “Virgen y Niño”, la segunda más antigua expuesta en Jerez (finales del s. XV).

La suite nº 4 para chelo de J.S.Bach, en E plana mayor, y cantos gregorianos, nos ayudan a entrar en un especial misticismo para contemplar los magníficos tapices.

Los jardines que rodean el museo fueron al parecer de un general inglés, que compró la finca en 1877 y que encargó a un paisajista francés su diseño, rodeando la mansión. Se llaman de La Atalaya por ser el punto más alto de la ciudad. han sido declarados Bien de Interés Cultural como jardines históricos, y catalogados como Patrimonio Histórico Andaluz. Contiene aún hoy árboles centenarios de gran valor botánico, y sigue siendo un hábitat idóneo para mirlos, cigüeñas, tórtolas, etc.

Sala “Arturo Paz”
Recibe este nombre por el acolchado típico que antiguamente recubría muebles y estancias en los palacios y mansiones franceses, mejorando así la acústica. Aquí podemos admirar las joyas de la colección. Los relojes franceses son de mayor tamaño que los vistos hasta ahora, y las figuras de Eros, el Emperador Justiniano, la Diosa Fortuna y otros personajes, son tratados con aún mayor belleza y delicadeza. El gran tournament de estilo Luís XVI lleva el anagrama de este rey, dos “L” mayúsculas encontradas simétricamente. Un enorme bracket inglés, de casi 100 kilos, el más completo por llevar barómetro y termómetro, calendario perpetuo y silenciador, hecho en caoba y bronce, preside el salón. “Las Tres Gracias”, otro tournament fabricado en mármol de Carrara, creado para centro de mesa, de gran belleza y que es una copia en miniatura de la escultura expuesta en el Louvre, obra de Falconet, también se expone en esta sala. Otros ejemplos destacables son los de las tres vitrinas: relojes de bolsillo, relojes colgantes de señora, relojes de escritorio, de cabecera, de carroza, infantiles, cuadrantes solares de bolsillo, relojes con brújula,…

También aquí podemos admirar un reloj francés de la época Directorio muy valorado entre coleccionistas, que pertenece a la serie Continentes, distribuida en otras colecciones, y que en este caso representa a América, con una nativa del Amazonas dispuesta para la caza, en bronce pavonado y con los ojos en porcelana. Los relojes de bolsillo son un invento del s. XVI, pero no se generalizaron hasta el XIX, y están considerados como el primer producto de masas de la historia. Se exponen relojes ginebrinos, de Lepine y Patek Philippe, con el sistema remontoir.

Otra miniatura maravillosa es el diminuto reloj realizado por un platero turco en el s. XVIII, montado en una pequeña caja de sobremesa semejante a un farolito, y con piedras preciosas. La suite nº 1 en C Mayor de los conciertos de Brandenburgo de Bach nos han guiado por este sorprendente salón con forma de “L” mayúscula.

Antes de abandonar las salas, retrocedemos en el Tiempo a 1670 para admirar el más antiguo, que destacamos al comienzo: el único reloj italiano, un reloj de chimenea de estilo arquitectónico neoclásico, con capiteles de oro de estilo corintio, y rematado por unas volutas. Está hecho en ébano, caoba, marfil, piedra de ágata, lapislázuli y oro.

En este punto oímos unos ruidos que provienen del taller del relojero, y quizás tengamos la suerte de verle trabajar en otra de sus máquinas del tiempo. En sus dependencias privadas también se expone su colección de 140 bastones, realizados en marfil, madera de boj, madera de olivo, carey, plata, hueso, ébano… que podremos admirar también antes de finalizar esta visita, seguro inolvidable.






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