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Freely Speaking: Relojes y placeres epicúreos

Seré honesto con Vd., a veces me siento a escribir mis artículos “Hablando Libremente” y no se me ocurre nada, absolutamente nada. Mi mente se queda en blanco y mis dedos se apoyan impotentes sobre el teclado de mi ordenador esperando que éste se ponga a funcionar. Me sucedió en esta edición, mi cerebro, a falta de una palabra mejor, vagaba sin rumbo a través de parajes oscuros y vacíos (los profesionales nos referimos a esto como el bloqueo del escritor) buscando una chispa de esperanza. Y entonces, ayer por la noche, muy lejos de la oficina, leí un artículo en el periódico que esta mañana ha hecho bailar mis dedos sobre el teclado.

El hombre moderno (y aquí utilizo el término genérico para una persona humana caracterizada por una postura bípeda erecta, un cerebro altamente desarrollado y poder del habla articulada) ha buscado la perfección a través de la historia en todos los segmentos de la vida. Tanto es así que ahora damos por sentado prodigios como la electricidad, la aviación y las computadoras. Para bien o para mal también hemos creado la energía nuclear, aviones que viajan más rápido que el sonido, e incluso hemos puesto un hombre o dos en la luna y aterrizado un vehículo motorizado en Marte. Por supuesto que a esta lista debemos añadir el extraordinario campo de nuestra propia competencia, la relojería. Durante siglos, el hombre ha tratado de crear máquinas, tanto grandes como pequeñas, que nos permitan leer el tiempo de una ojeada, y los relojeros de todo el mundo han progresado hasta el punto donde ahora tenemos relojes que en nuestra muñeca no solamente ofrecen la hora del día o de la noche, sino que también dicen el día de la semana, la fecha, el año, las fases lunares, sin mencionar otras complicaciones como cronógrafos, torbellinos, zonas horarias y repetidores de minutos. Millones y millones de cualquier moneda que quieras nombrar se han gastado para conseguir esto y felices aclamamos a estos genios implicados en la búsqueda de la precisión mecánica miniaturizada.

Pero ¿qué hacemos con estas maravillosamente complejas piezas de relojería? Algunos genuinos amantes de los relojes realmente las utilizan, otros las guardan en la caja fuerte de algún banco por miedo a que les sean robadas, pero incluso son más los que las dejan intactas en sus estuches para venderlas por un beneficio en un futuro no muy distante. Sin embrago, en América, las utilizan para ilustrar como ha progresado el Homo Sapiens en sus 5.000 años de existencia, cronometrando la velocidad a la que estos llamados hombres y mujeres civilizados consumen los alimentos. No, esta sería con mucho una frase demasiado elegante, digamos en vez de esto, que se meten pienso por sus gargantas, es más apropiado.

Parece ser que cada año se celebra en Coney Island, Nueva York, un concurso de comer perritos calientes. La ganadora de este año, una joven llamada Sonya Thomas, se comió 37 perritos calientes en 12 minutos, batiendo el record mundial femenino anterior que estaba en 32 de estas delicias epicúreas. Clasificada con el primer puesto de comedora competitiva en los Estados Unidos, la señorita Thomas posee en la actualidad 26 records mundiales. Esta es la lista de algunos de ellos – léanla despacio para evitar una diarrea mental:

  • 56 hamburguesas en 8 minutos
  • 65 huevos duros en 6 minutos y 40 segundos
  • una hamburguesa de 4 kilos en 27 minutos
  • un pastel de queso de 5 kilos en 10 minutos
  • 80 “chicken nuggets” en 5 minutos
  • 2.60 kilos de puntas de espárragos fritos en 10 minutos
  • 167 alitas de pollo a la salsa barbacoa en 32 minutos
  • 40 pasteles de cangrejo en 12 minutos
  • 44 langostas (5.2 kilos de carne) en 12 minutos,
  • y por último, pero no de menor importancia, el que pasa por alto alguna perla de inteligencia … ¡46 docenas de ostras (esto es 552 ostras) en 10 minutos!
(Notar la ausencia de segundos en estas comilonas, debido seguramente a los jugos de las comidas rápidas chapoteando por los relojes.)

Sonya Thomas, apodada la Viuda Negra en el circuito de comidas competitivas dice: “Igual que la hembra de la araña Viuda Negra, mi deseo es eliminar a los hombres. En comidas competitivas, quiero comer más o más rápido que mis contrincantes masculinos.” Y uno de estos contrincantes masculinos es la sensación comedora del Japón y el comedor competitivo número 1 del mundo Takeru Kobayashi. Aparte de esto, la Viuda Negra quiere abrir su propio restaurante – que naturalmente será un centro de comida rápida.

Así para todos los Breguets, Audemars, Jaegers y Journes que desean expandirse en el mercado americano, la resistencia a la humedad y al polvo ya no es una referencia para los relojes, ahora necesitan estar probados contra el catsup y la mostaza, y ser inmunes a los ataques ácidos de la Coca Cola, un elemento esencial en el proceso digestivo de las comidas competitivas. Así pues, come, bebe y se feliz…aunque 552 ostras y 5 kilos de pastel de queso puede ser un poco demasiado!

D. Malcolm Lakin

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http://www.europastar.com/europastar/magazine/article_display.jsp?vnu_content_id=1002156891






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