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L.U.C., “extremista en calidad”

La fábrica L.U.C. (llamada así por las iniciales del fundador de Chopard, Louis-Ulysse Chopard) celebrará este año su décimo aniversario. Con prudencia, consistencia y persistencia, ha conseguido llevar su producción de relojes mecánicos al más alto nivel, hasta el punto en que, entre los mejores entendidos, la calidad de los movimientos L.U.C. es considerada cono una referencia estándar en la categoría de la relojería superior. Europa Star visitó la fábrica y habló con su creador, Karl-Friedrich Scheufele.

“Desde el principio, pusimos el énfasis en la calidad,” afirma Karl-Friedrich Scheufele al iniciar la conversación. “Y este interés por la calidad ha sido integrado en todas las etapas de la producción. Nuestra oportunidad, y nuestra ventaja, ha sido empezar de cero, de una página en blanco. Por lo tanto, teníamos que crear, imaginar cada cosa: métodos, procedimientos, la industrialización… todo. Fue un proceso lento el adquirir y dominar el savoir-faire y el conocimiento. Paso a paso hemos ido integrando nuevos conocimientos. Gradualmente hemos verticalizado nuestras operaciones, sin haber comprometido nunca nuestros requisitos de calidad, hasta el punto de que, incluso dentro de Chopard, nos hemos forjado una reputación por ser extremistas en calidad.”

Protección familiar
Este logro, el fruto de la razón enfocado al largo plazo, ha sido posible debido al carácter familiar de la compañía Chopard (una empresa poderosa que actualmente emplea a 1.370 personas en todo el mundo). Pero también es, a su manera, una vuelta a sus raíces, un intento a equilibrar gradualmente la oferta con la imagen esencialmente de joyería de la marca. “L.U.C. es Chopard en profundidad,” dice Scheufele quien evoca el legado histórico de relojería de la marca. “Estamos protegidos, porque como una empresa familiar no tenemos que responder a la presión de los accionistas, y podemos construir la marca para el largo plazo. Las únicas cosas que cuentan para nosotros son la autenticidad, consistencia, continuidad y la coherencia del proceso.”

Un plan diez años
Karl- Friedrich Scheufele se dio a si mismo diez años para conseguir lo que el llama el “primer paso” en el establecimiento de la fábrica L.U.C. Durante estos diez años, la empresa ha integrado progresivamente “un nuevo taller” cada año. Poco a poco, la marca ha extendido su maestría en las diferentes etapas de la producción. Para llegar a este punto, no fue solamente necesario adquirir una serie de conocimientos, redescubrir “los pequeños secretos del chef” y aprender los pequeños conocimientos indispensables, sino que fue también necesario entrenar a la gente para asegurarnos un nivel consistente de calidad. “Todos estos procesos toman mucho tiempo,” explica, “y no se pueden meramente improvisar. Como por ejemplo, el biselado. Se necesita al menos un año para ser capaces de adquirir la consistencia en calidad que nos exigimos. Una cultura se construye poco a poco, después se tiene que continuar cultivando.”

Al final de esta etapa de diez años, ya se ha conseguido mucho, como se demuestra en esta visita a la fábrica. Y, mientras que aún algunos procesos todavía no han sido integrados (principalmente mencionamos el corte de las marcha y la fabricación de las áncoras de las ruedas de escape) es ahora ya el momento para el segundo paso: “establecer” la reputación de los productos y de la fábrica, “lo que nos llevará otros diez años,” estima Scheufele.

Cinco movimientos básicos
Esta reputación se ha formado, hasta ahora, utilizando cinco mecanismos básicos, que se han diseñado y producido totalmente en esta fábrica:

  • el L.U.C. 1.96, el mecanismo básico;
  • la versión en forma tonel (la única en el mercado) del mecanismo básico automático;
  • el Quatro 1.98, un mecanismo patentado, con cuatro toneles, que dio lugar a la creación del modelo L.U.C. Regulator;
  • el torbellino, también equipado con cuatro toneles;
  • el L.U.C. 96 QP, una versión modificada del L.U.C. 1.96 que puede aceptar un calendario perpetuo, con fases lunares orbital.
Todos estos mecanismos están certificados por el COSC y algunos de ellos llevan el Poinçon de Genève (Sello de Ginebra). Ellos han dado lugar al nacimiento de una extraordinaria colección de relojes, importantes tanto por su diseño como por la calidad de sus acabados. La marca ha analizado los criterios y los valores clásicos de las verdaderas tradiciones de la relojería (decoración, guilloquis, legibilidad, marcadores de hora elevados, etc.) y los ha puesto al día, para poder ofrecer una visión totalmente contemporánea con relojes que tienen una fuerte identidad. Legibilidad y pureza de líneas se unen armoniosamente con el añadido de algún toque divertido… por ejemplo, la alternancia de los marcadores de horas y los grandes números romanos que decoran la esfera del Calendario Perpetuo.

Tradición y juventud
En las instalaciones de la compañía encontramos “juventud” y frescura (talleres bien iluminados, equipos de vanguardia, y la rigurosa modernidad que se encuentra en todas partes) y en sus trabajadores. Cuando visitamos la fábrica, y hablando con los hombres y mujeres (en su mayoría jóvenes) que ejercen sus especiales habilidades, uno no piensa que las tradiciones relojeras representen una dura carga. Más bien parece que sea un estándar, claro, pero esto sólo es el punto de partida…

No hay ninguna duda de que en lo próximos diez años la fábrica L.U.C. nos reservará algunas sorpresas, y permitirá que Chopard gane definitivamente su lugar en el corazón de la relojería noble. Para muchos, Chopard es glamour. L.U.C. está demostrando que también destaca en el arte de la relojería.

Con sus 1.500 puntos de venta en todo el mundo y sus 91 boutiques Chopard (de las cuales el 40% pertenece a la marca), Chopard tiene las herramientas necesarias para construir una duradera reputación de L.U.C.

IMAGENES
http://www.europastar.com/europastar/magazine/article_display.jsp?vnu_content_id=1002200013






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