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Lakin anda suelto: Monos de latón en Ginebra y Jean Cocteau en Menton

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abril 2008


Lakin anda suelto

Por D. Malcolm Lakin

Lakin anda suelto: Monos de latón en Ginebra y Jean Cocteau en Menton “Madame Favini et sa fille” por Jean Cocteau

El microclima de Menton es muy benévolo hacia las postrimerías del año y te permite gozar felizmente del desayuno y de la comida al aire libre, en la terracita, con una sensación de bienestar apabullante, y más pensando en los gélidos vientos que deben estar barriendo la Confederación Helvética, capaces de con gelarle las bolas a un mono de latón. Antes de que me acusen de utilizar un lenguaje soez y barriobajero , les diré que la expresión utilizada no tiene necesariamente que proyectarse visualmente en un pobre simio buscando un soldador para recolocarse los genitales, sino que tiene unos orígenes algo confusos y contradictorios en los tiempos gloriosos de la marina de guerra de antaño. Se dice que las balas se apilaban junto a los cañones en unos cercos de latón llamados “monos” y que cuando hacía frío de verdad el latón se contraía y la pila de balas de desparramaba por la cubierta, imagínense el caos. Para usar una frase tópica de Michael Caine, diríamos que “¡no mucha gente sabía eso!” Volviendo al tema del clima, les diré que, como de costumbre desde que era un mozalbete de pantalón corto, me levanté el día de Navidad esperando descubrir una gruesa capa de nieve caída durante la noche. Pero lo que se veía fuera era un precioso cielo azul, un sol reluciente, naranjos y limoneros y los primeros signos de floración de mi planta predilecta, la mimosa. A pesar de tanta benevolencia climática, un día nos descargó una lluvia torrencial y, dado que había agotado mis reservas librescas durante las pasadas comilonas de Navidad, me decidí a visitar la exposición de Jean Cocteau en el Bastión del puerto de Menton. Esta exposición es un aperitivo a una futura exposición permanente que englobará más de 1.700 obras, entre ellas 623 dibujos, 255 grabados, 3 cristaleras polícromas, 70 posters, 51 impresiones, 30 libros ilustrados, 12 esculturas, 30 pinturas al óleo, 14 piezas de cerámica, 425 fotografías, 4 tapices, y – oh sorpresa, sorpresa – ¡cuatro relojes! Esta magnífica y extraordinaria colección ha sido donada al municipio por un ávido coleccionista de arte, y uno de los mayores innovadores de la industria relojera: Séverin Wunderman, Presidente de Corum. Se preguntaran ustedes: ¿y porqué Menton? Bien, pues según parece, el Sr.Wunderman cedió inicialmente la colección a la ciudad de Austin en Texas (EE.UU.) con la condición que se construiría un museo para acogerla. Pasados diez años, y sin rastro del museo, retiró la colección y la ofreció a Menton gracias a un encuentro casual con su alcalde, el Sr. Jean- Claude Guibal, una elección acertada dada la estrecha relación que tuvo Cocteau tanto con Menton como con algunos de sus habitantes. A día de hoy, las autoridades municipales ya han aprobado una dotación presupuestaria para el acondicionamiento de unas dependencias de más de 5.000 m2 entre el mercado cubierto y el mar que acogerán el “Musée Jean Cocteau – Collection Séverin Wunderman”. Séverin Wunderman es, como no pocos visitantes a BaselWorld atestiguaran, un prolífico coleccionista de arte que adquirió su primera obra de Cocteau allá en los años 60 en Bruselas, y que se de buena tinta que lo dejó sin blanca para acabar el mes. Pero, como de todos es sabido, Séverin Wunderman prosperó hasta convertirse en una influyente personalidad en el mundo de la relojería cuando dirigió el lanzamiento y desarrollo de la marca Gucci, la primera en realizar relojes “fashion” y la primera en presentar un reloj de acero inoxidable engastado de diamantes. Seguramente, este desempeño le proporcionó la solvencia económica necesaria para ir desarrollando su completísima colección. Como quien no quiere la cosa, les contaré que tengo un amigo artista que hizo una exposición en una galería de Londres. Pasados unos días de la inauguración, llamó a la galería para indagar como iba la venta. “Va bien”, dijo el galerista. “Tengo buenas noticias para ti: vino un tipo y me preguntó si creía que tu obra se iba a revalorizar una vez hubieras fallecido. Cuando le dije que sí, que así lo creía, entonces me compró la exposición entera: veinte cuadros.”“¡Pero eso es fantástico!” exclamó mi amigo exultante por teléfono. Después de una pausa silenciosa, el galerista dijo: “Hay un pequeño inconveniente, y es que el comprador es tu médico...”

Source: Europa Star February-March 2008 Magazine Issue