110. editoriales


La paradoja del 80 porciento Hecho en Suiza

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septiembre 2007


La paradoja del 80 porciento Hecho en Suiza

Ha comenzado el gran debate, a instancias de los grandes barones de la relojería, respecto a la redefinición del término “Swiss Made”, hecho en Suiza. La subida del listón de los requisitos para calificarse como hecho en Suiza va a pesar como una losa sobre los proveedores de la industria relojera. Las llamadas,hasta la fecha,ramas anexas de la industria relojera, similares a las ramas menores de un árbol, (es decir, los proveedores externos) corren ahora el peligro de convertirse en el tronco principal del árbol de la relojería. Es sabido que están sobresaturados de pedidos y que trabajan intensamente para cumplir los plazos de entrega.Además, son la presa codiciada por muchas marcas en una frenética carrera hacia la verticalización con el objetivo de asegurar su independencia.De repente, el número de cuellos de botella en la cadena de suministro ha crecido de forma considerable en un ambiente de creciente nerviosismo. En esta situación puntual, la reforma del término “Swiss Made”– no es seguro que se lleve a cabo, vista la oposición de los vocales europeos - puede percibirse o bien como una oportunidad única para el desarrollo o bien como un peligro en potencia. ¿Por qué? A simple vista,la reforma del término es una oportunidad fantástica.Si el 80 por ciento del valor de un reloj mecánico debiera ser de origen suizo (actualmente es el 50 por ciento) parece lógico pensar que automáticamente aumentaría el número de componentes hechos en Suiza. Eso sería seguramente lo que pasaría en el segmento del extremo superior del mercado, que es el que lidera la batalla para obtener la redefinición del término “Swiss Made”. Pero, ¿ocurriría lo mismo en los segmentos medio y bajo del mercado? Aquí las cosas se complican.Por ejemplo,es sabido que la producción de cajas de reloj suizas no tan solo es insuficiente para satisfacer la demanda sino que además lo hace a costes muy elevados.Y ocurre otro tanto con los cuadrantes Suizos.Así que,como dice Peter C.Stas,propietario de Frédérique Constant: para que un fabricante que vende relojes mecánicos de gama media a 1,000 FS (600 euros) pueda cumplir con la estipulación del 80 por ciento suizo,“la única opción viable pasa por conseguir que los componentes extranjeros tengan el más bajo coste posible.” Siguiendo este razonamiento y especificando los precios de los diversos componentes y operaciones de montaje,llegamos a una paradójica conclusión: es más fácil cumplir la norma del 80 por ciento en el segmento más bajo que en el segmento medio del mercado. En un reloj de gama baja con un coste de 95 FS (60 euros), por ejemplo, el precio a pagar por una caja y un dial de baja calidad fabricados en Asia (10 FS y 5 FS respectivamente) representa solo un pequeño porcentaje del precio total, aproximadamente un 16 por ciento. La gran tajada se la lleva la mecánica suiza (un movimiento ETA 2824 cuesta 65 FS) y el montaje en Suiza (15 FS) que, juntos, representan aproximadamente el 84 por ciento del precio total. Como es evidente, estas cifras califican el reloj como “Swiss Made” ya que al menos un 80 por ciento de su valor viene de productos originales de Suiza. Ahora bien, la situación cambia para los relojes de gama media.Ya que los costes de una caja de fabricación Suiza son prohibitivos (independientemente de que la producción esté saturada) la marca debe adquirir una caja asiática de buena calidad (45 FS). Súmese además 8 FS para comprar un buen dial de importación y 65 FS para una mecánica ETA más 15 FS para el ensamblaje en Suiza y se obtiene un reloj que cuesta 133 FS (80 euros). En este ejemplo, el valor de los componentes suizos asciende sólo al 60 por ciento del total y, ¡el reloj no se califica como “Swiss Made”! Esto conduce a una situación peligrosa puesto que implica que el cumplimiento de la norma del 80 por ciento conlleva un descenso de la calidad. ¿Hay alternativas? Ciertamente, afirma Peter C. Stas, quien propone que la definición “Swiss Made” incluya los costes de investigación, desarrollo, diseño y gerencia. Sugiere además que la identificación “Swiss Made” sea atribuida únicamente a compañías con base en Suiza, con los costes relacionados incluidos en el cálculo de la parte Suiza de los componentes. Las dos ideas son interesantes. Pero a medio y largo plazo ¿no sería una mejor solución una vasta re-industrialización del sector donde los precios competitivos vinieran garantizados por la economía de escala y el empleo de tecnología punta? En su época, Swatch ya demostró la validez de este planteamiento. ¿Sería posible reeditarlo?