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Onda Expansiva

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julio 2009


Onda Expansiva

Estación de Montparnasse, Paris, 22 de Octubre de 1895|

Todo empezó de manera casi imperceptible. Primero fueron los contratos temporales que no se renovaron y luego, con discreción, empezaron los despidos.

Fueron despidos modestos al principio: cinco aquí, siete allá y doce más allá hasta que acabaron sumando significativamente. En abril, más noticias de despidos generaron gran preocupación. Cartier dijo que recortaba horas a 500 de sus 1000 empleados de la planta de producción de La Chaux-de-Fonds. Franck Müller prescindió de 100 empleados según los sindicatos, mientras que la dirección señalaba que eran 93.

Una cosa más preocupante, aunque con menos cobertura por parte de la prensa, sucedió al fabricante de embalajes de lujo, Setco, en el La Chaux-de-Fonds, que cerró sus puertas definitivamente, perdiéndose 47 puestos de trabajo. Es grave porque se aprecia en este caso un ejemplo de las dificultades que se han trasladado de los monitores de los ordenadores a las billeteras de la gente mientras que la crisis se recrudecía (esencialmente el paso del mundo virtual de las finanzas mundiales a la economía del mundo real y del día a día). Los detallistas, que ya veían acercarse la tormenta, intentaron ralentizar el pasado otoño la llegada de sus pedidos que, a pesar de los malos tiempos, continuaban atiborrando sus escaparates y almacenes ya de por sí atestados.

Cuando, finalmente, hubo que detenerlo totalmente, la contraseña pasó de eslabón en eslabón de la cadena de suministro, como una onda expansiva, cogiendo amplitud y atizando con más fuerza al final de la misma donde se hallan los proveedores y especialistas (las llamadas ramas anexas, que de hecho son la base de la industria relojera y sin las cuales nada sería factible).

De un día para otro, los proveedores vieron recortados sus pedidos en un tercio o hasta dos tercios o más. Y, por si esto fuera poco, el recorte los cogió con abundante stock en sus almacenes y una creciente presión para que redujeran sus precios en un 10, 20 o 30 por ciento. En la región del Arco Jurásico, que acoge una multitud de pequeñas y medianas empresas relojeras altamente especializadas, la crisis descargó como un relámpago, causando los mayores daños en aquellas compañías que habían suscrito cuantiosos préstamos en los años precedentes para invertir en instalaciones y personal. Hay que recordar que estas empresas generaron 10 mil puestos de trabajo en los últimos 5 años.

Ahora, las reducciones de horas o el empleo a tiempo parcial son moneda corriente. Los talleres funcionan al 50% o incluso al 30% de su capacidad lo que significa que están peligrosísimamente sobredimensionados. “Aguanten hasta el 2010, reduzcan sus expectativas, esperen pacientemente la recuperación” es el mensaje que intentan imponer los responsables del sector. Lamentablemente, un buen número de entre ellos no va a tener la capacidad de resistencia para aguantar hasta que llegue la recuperación. Aún así, sabemos de unos pocos que se muestran imperturbables a pesar de la tormenta y continúan con sus planes de investigación y desarrollo de nuevos procesos y técnicas, aguzando sus habilidades en espera de días mejores.

Como consecuencia de todo esto, la juventud, desmoralizada por la falta de empleo en el sector, mira hacia otros horizontes. Se cierne sobre la industria relojera el gran peligro de que no ocurra el mismo vacío generacional que ya se experimentó cuando la gran crisis del cuarzo. Podría ser que un día no hubiera ni esferas ni manecillas ni nadie que hiciera pulidos o grabados. ¿Cómo saldremos entonces de la crisis, sin especialistas?