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La Geopolítica de la Hora Mundial

RELOJES DE VIAJE

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marzo 2018


La Geopolítica de la Hora Mundial

A finales del siglo diecinueve, dividir el mundo en rebanadas, aunque solo fuera para propósitos de mantenimiento del tiempo, planteó serios problemas entre las naciones y los imperios, cada uno de los cuales afirmaba que el de ellos era donde el sol nunca se ponía.

L

legar a un acuerdo común sobre un sistema universal de zonas horarias, requerido por el advenimiento del transporte mecanizado, los ferrocarriles, la telegrafía, los viajes, los intercambios y el comercio mundial, resultó ser un verdadero dolor de cabeza geopolítico. Así fue como la relojería se encontró a la vanguardia de esta primera fase de floreciente de la globalización, ya que gracias a su dominio mecánico de los intervalos de tiempo, contenía la solución.

¿No lo había demostrado ya dos siglos antes, cuando su precisión había convertido a los Ingleses gobernantes de las olas?

Si las naciones, repúblicas, reinos, principados, estados de confeti e imperios del siglo diecinueve lograron con relativa facilidad llegar a un acuerdo sobre cómo cortar el pastel de 24 horas, la razón fue que, por una vez, los políticos se inclinaron ante el ferrocarriles en el tema.

Cuando, en la década de 1880, se observó que en los Estados Unidos, había 49 difierentes horarios oficiales de ferrocarriles, las autoridades decidieron que había que hacer algo para simplificar las cosas. Ya se había hecho en Inglaterra, donde los horarios se habían estandarizado en 1840. En 1883, el Standard Railway Time entró en vigor en los Estados Unidos. Por razones tanto prácticas como científicas, se alineó con el meridiano de Greenwich, aunque podría haber sido alineado con el de Washington. ¿Una alineación con Londres?

IVAN YURIN, «WORLD CLOCK»
IVAN YURIN, «WORLD CLOCK»
Concebido en el siglo XIX por el relojero Ruso Ivan Yurin, este asombroso reloj tiene muchas esferas (67) que muestran el tiempo a través del antiguo Imperio Ruso, incluida la hora de las ciudades y áreas ahora desaparecidas. Está en exhibición en el Palacio Peterhof en San Petersburgo.

Esto era una afrenta a la soberanía que los políticos nunca habrían aceptado sin la presión de los ferrocarriles, los pensadores «prácticos» y los relojeros, los pensadores «científicos». Un año más tarde, en octubre de 1884, el entonces presidente Estadounidense, Chester A. Arthur, abrió la International Meridian Conference que, tres semanas más tarde, acordó adoptar un estándar mundial, que inicialmente solo concernía a 25 países (Francia no siguió la línea de Greenwich hasta 1898 - e incluso entonces no lo llamó por su nombre). La conferencia resultó ser una gran ayuda para los relojeros. Ya el proveedor de cronómetros de precisión para ferrocarriles y barcos, ahora iba a poder equipar a viajeros, comerciantes, telegrafistas y trotamundos.