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Pudo haber sido un gran anuncio

VINTAGEMANÍA

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mayo 2018


Pudo haber sido un gran anuncio

Era un día soleado en la costa atlántica en Francia. El Sr. X (un seudónimo) pensó que era una gran oportunidad para practicar su swing en el campo de golf cercano. Estaba a cinco minutos en coche de casa, una forma de aclarar su mente y concentrarse en una sola cosa, la pelota.

D

espués de haber empacado sus cosas para pasar la tarde, cerró la puerta y dejó a su perro y un objeto precioso detrás de él.

El Yorkshire adulto era un perro lleno de carácter y temperamento. Frustrado al ver a su amo salir a disfrutar de los placeres del mundo exterior, comenzó a correr por la casa en busca de cosas en las que pudiera aliviar su pena y enojo.

Después de algunos viajes de la cocina a la sala de estar, notó que la puerta de la oficina de su amo estaba entreabierta. Por lo general, estaba cerrada. Él decidió echar un vistazo.

El espacio era nuevo para él, así como el olor, pero un objeto brillante que reflejaba la luz exterior desvió su atención del resto de las novedades. Difícil de alcanzar pero tentador, el perro fue a por el. Después de varios intentos, la pieza radiante de metal finalmente se deslizó entre sus pequeños caninos.

El perro comenzó a masticarlo desde todos los ángulos, escupiéndolo y poniéndolo de nuevo en su boca. La pieza de metal era definitivamente difícil de masticar e insípida, pero era divertido jugar con ella. Mordiendo con todas sus fuerzas, el pequeño perro logró deformar ligeramente el metal maleable.

Creyendo que era una gran herramienta para afilar sus diminutos dientes, el pequeño perro mordió por última vez y se sorprendió cuando atravesó una sección más blanda del objeto. Esta vez el perro se asustó, escupió la cosa en el parquet y salió del despacho a toda prisa.

Pocas horas después, el Sr. X, exhausto pero de buen humor por su sesión de golf, regresó a casa y al instante notó que algo había sucedido cuando se encontró con los ojos culpables del perrito.

Dejó caer su bolsa de golf en el piso, y rápidamente fue al despacho y descubrió lo que había sucedió.

Su preciada referencia Rolex Oyster 5022 de oro rosa estaba tirada en el piso, desgarrada...

Para ser más precisos, un hermoso reloj con caja de oro rosa de 14 quilates de los años 50.   El reloj presentó una batalla honorable, pero el golpe final rompió el plexiglás y dañó la esfera, dejando entrar humedad y polvo y arruinando el movimiento.

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La encantadora caja de oro era, lamentablemente, más maleable que el acero inoxidable, que se habría resistido mejor a la furia del Yorkshire. En realidad, podía ver las marcas de los dientes en la caja mostrando la determinación del perro.

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Sin embargo, el reloj se guardó, nunca se restauró y pasó a la siguiente generación.

La historia habría sido una gran publicidad si no hubiera terminado con la muerte de este encantador Rolex Oyster.

A la marca le encanta hacer hincapié en la fiabilidad y durabilidad de su producto, pero esta vez el Sr. X habría tomado una mejor decisión llevando su reloj consigo para mejorar su swing. Probablemente habría sobrevivido al día.

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