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Abraham-Louis Perrelet, HISTORIA DE UN RELOJERO BRILLANTE

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abril 2007


Abraham-Louis Perrelet, HISTORIA DE UN RELOJERO BRILLANTE

Abraham-Louis Perrelet, HISTORIA DE UN RELOJERO BRILLANTE

Abraham-Louis Perrelet SU DESTINO ERA UNO: CONVERTIRSE EN RELOJERO

Abraham-Louis Perrelet nació el 9 de enero de 1729 en Le Locle durante uno de los largos inviernos que se apoderan de las montañas de Neuchâtel. Las hadas, maliciosas compañeras bien conocidas en estas austeras tierras, fueron generosas cuando a su cuna se acercaron, porque le otorgaron inteligencia, clarividencia, imaginación y tacto. Por estas cualidades y su gran pasión, Abraham-Louis Perrelet será recordado para siempre en el mundo de la relojería como uno de los genios de la artesanía. Su padre, Daniel Perrelet, era agricultor y carpintero. Durante los interminables meses de invierno se dedicaba a fabricar herramientas, algunas tan precisas que las utilizaban los relojeros.

Desde su adolescencia, Abraham-Louis estaba destinado a dedicarse a la fabricación de herramientas. Estaba convencido de lo que le depararía el futuro: quería ser relojero. Desde entonces, supo seguir el camino que le haría triunfar tanto profesional como humanamente. Innova y pone a punto una serie de nuevas combinaciones que consiguieron mejorar el funcionamiento de los guarda-tiempos. De esta manera, fue el primero en Le Locle en fabricar relojes con escape de cilindro, de «duplex», de calendario y de ecuación. Él mismo diseñaba las «ébauches », pero también pulía los acabados, los piñones, las ruedas, los escapes y los mecanismos de remontaje de sus obras. A pesar de su joven edad, su reputación se acrecienta y muchos son los que solicitan sus consejos como experto. Se convierte asimismo en uno de los maestros relojeros más frecuentados de su época, hasta el punto de que el propio Abraham-Louis Breguet pasará por sus talleres, así como su propio nieto, Louis-Frédéric Perrelet, que se convertiría años más tarde en relojero de los reyes de Francia. Responde con perspicacia a todas las preguntas que sus colegas le formulan, incluso las más complicadas; de un simple vistazo, era capaz de encontrar todos los defectos de las realizaciones creadas por sus competidores. Su vida entera transcurre en la residencia familiar, vinculado a su pueblo y a sus orígenes. Durante casi 80 años, se dedicó a trabajar y desarrollar sus obras de arte en relojería hasta que fallece en Le Locle en 1826.

Abraham-Louis Perrelet, HISTORIA DE UN RELOJERO BRILLANTE

Louis-Frédéric Perrelet INVENTOR DEL CRONÓGRAFO “À RATTRAPANTE”

PERRELET REPRESENTA UNA DE LAS AUTÉNTICAS DINASTÍAS AL SERVICIO DE LA RELOJERÍA

La familia Perrelet representa una de las auténticas dinastías al servicio de la relojería. Los descendientes de Abraham-Louis Perrelet, al que llamaban el «anciano», tomaron el relevo aun sin destacar demasiado, a no ser por el nieto Louis-Frédéric (1781-1854), que será recordado como uno de los maestros relojeros de su siglo y gran inventor. Se formó junto a su abuelo para continuar después en la «escuela Breguet». Se instaló en París, donde trabajaba para la Corte francesa y después para las familias reales europeas. Entre sus inventos, que comprenden desde relojes marinos hasta instrumentos de medición, cabe destacar el cronógrafo «à rattrapante», que patentó en 1827. La mayoría de las piezas de museo y de colecciones privadas que llevan la firma de los Perrelet pertenecen a Louis-Frédéric y son una referencia histórica del arte y la maestría de la época. Cuando en 1854 falleció, su hijo Louis –relojero del rey también él– retomó las actividades de su padre para continuar con la gran tradición familiar. Gracias a una descendencia de numerosos relojeros la tradición de Abraham-Louis Perrelet, llamado el «anciano», se sigue manteniendo intacta incluso en el siglo XXI. Estamos orgullosos de ser los actuales herederos, y por eso respetamos esta gran tradición artesanal en todos nuestros procesos creativos e industriales.

Abraham-Louis Perrelet, HISTORIA DE UN RELOJERO BRILLANTE Hora saltante, gran segundero,automático COLECCIÓN DE CABALLERO

A través de su visión contemporánea de la relojería mecánica de gama alta, este año la casa Perrelet demuestra, una vez, más que la calidad de un producto relojero no implica necesariamente una estética clasicista para medir el tiempo. Al contrario, este inconformismo permite ofrecer una visión diferente y atractiva, al hacer caso omiso de las barreras técnicas y dar prueba de inventiva y capacidad de innovación. El calibre Perrelet (referencia P-191), que surge de los mejores talleres relojeros del «Valle de Joux», ofrece a este modelo de hora saltante una gran ventana colocada a las 12 h. Esta última permite visualizar la indicación de la hora que «salta» instantáneamente al pasar la aguja minutera por el minuto sesenta. En la línea estética de la colección actual para caballero de Perrelet, la esfera que indica los minutos está descentrada. Esto permite indicar los segundos de manera mucho más impresionante. Este medidor del tiempo intrigante y particular está disponible en cuatro versiones de acero macizo, así como en dos versiones de oro rosa de dieciocho quilates. Del mismo modo, se lanza una edición limitada y numerada en paladio 950 con ocasión de la feria Baselworld 2006 (ilustración). Ofrece dos versiones de esferas producidas exclusivamente para la ocasión.

Abraham-Louis Perrelet, HISTORIA DE UN RELOJERO BRILLANTE Repetición de cinco minutos, sonería con dos timbres, automático COLECCIÓN DE CABALLERO

Fue entre finales del siglo XVII y mediados del XVIII cuando los mecanismos llamados «de sonería» conocieron su mayor auge. En efecto, rápidamente se manifestó un especial interés por los misteriosos medidores del tiempo que, al presionar simplemente un pulsador, indicaban la hora de manera acústica.Antaño, cuando se iluminaba con velas, los relojes de bolsillo que daban la hora a petición eran muy prácticos. Saber la hora en medio de la noche ya no suponía entonces un problema. Más tarde, en 1892, la casa Audemars-Piguet realizó el primer reloj de pulsera equipado con un repetidor de minutos. Por su gran tamaño, los mecanismos de sonería quedaron hasta entonces reservados a los relojes de bolsillo. A partir de esa fecha, únicamente unas pocas marcas y fábricas ofrecían relojes de repetición. Decididamente inscrita en la gran historia relojera, la casa Perrelet propone este año una novedad única con esta configuración: La repetición de cinco minutos, horas - minutos y segundos centrales, automático. La repetición de cinco minutos de Perrelet, equipada con el calibre P- 201, permite poner en marcha el mecanismo de sonería «a petición» presionando simplemente un pulsador (colocado en el eje de las ocho). Un primer timbre grave (un golpe por cada hora) da la hora, luego dos timbres dan los cinco minutos: uno grave y otro agudo (un doble golpe por cada intervalo de cinco minutos transcurridos desde que pasó la última hora). Este reloj de pulsera de cuerda automática satisface los criterios de calidad de Perrelet, en particular, en cuanto a la estanqueidad. El volumen de sonido está garantizado por un ingenioso sistema de «revaciado » de la caja, que ofrece una resonancia superior a la de una caja estándar. Esta novedad exclusiva en el universo relojero se ofrece en una versión en platino 950, pero está igualmente disponible en oro rosa de 18 quilates (ilustración). Debido a la gran complejidad de fabricación del mecanismo, Perrelet sólo producirá sesenta ejemplares durante el año 2006. Los apasionados y los entendidos comprenden perfectamente cuán difícil es ofrecer un sonido, una melodía que siga el ritmo del tiempo que pasa...

Abraham-Louis Perrelet, HISTORIA DE UN RELOJERO BRILLANTE Gran fase lunar central, fecha con aguja, automático COLECCIÓN DE SEÑORA

Con una oferta variada y seductora, la colección de relojes Perrelet dedicada a la mujer dispone este año de una nueva «gran primicia» espectacular. Ofrece el dominio del tiempo y el ciclo lunar en una pantalla de nácar natural con diamantes engastados, adoptando así una estética llena de encanto. Desarrollado exclusivamente para Perrelet, el nuevo calibre P-1030 es una maravilla tecnológica. Las horas, los minutos, la fecha y las fases lunares se funden en el cielo estrellado y centelleante de diamantes que reviste la esfera. Esta colección extraordinaria está limitada a quinientas piezas (incluidas todas las versiones), durante el año 2006. Investigador infatigable en la búsqueda mítica del movimiento perpetuo, Abraham-Louis Perrelet tuvo que pasar muchas horas reflexionando sobre el sistema de cuerda automática mientras observaba, como tantos otros científicos, el ballet suntuoso de la luna. Ciclo inmutable que deja presagiar el potencial energético producido por la atracción terrestre... Un homenaje, pues, a las estrellas y a la luna... Pero, sobre todo, un homenaje a la mujer contemporánea, sensible a los verdaderos valores, interpretada en este caso por Perrelet a través de un reloj joya excepcional. Disponible con caja redonda y con caja en forma “coussin”, la colección Gran fase lunar ofrece una amplia variedad de colores de esferas, exclusivamente en nácar natural y con diamantes engastados. Toda la colección se presenta con pulsera de auténtica piel curtida (ilustración) o con pulsera de acero.

Abraham-Louis Perrelet, HISTORIA DE UN RELOJERO BRILLANTE

Abraham-Louis Perrelet INVENTOR DEL RELOJ AUTOMÁTICO

“LA HISTORIA SE INTERPRETA A TRAVÉS DE LOS TESTIMONIOS ESCRITOS”

De entre todos los grandes relojeros, están por un lado los que innovan y crean mientras que por el otro están los que, con arte y paciencia, perfeccionan lo que otros han imaginado. Entre ellos se incluyen artesanos a menudo admirados. Dignos representantes de la relojería contemporánea, se incluyen también los que han conseguido alguna vez sorprender y revolucionar: se trata de los descubridores. Abraham- Louis Perrelet era uno de ellos. Numerosos son los testimonios que atribuyen la autoría de este fabuloso descubrimiento a Abraham-Louis Perrelet. Corría el año 1777, cuando el profesor Horace-Bénédict de Saussure, uno de los fundadores de la Société des Arts de Ginebra, «emprende un viaje hacia tierras de Neuchâtel con el fin de realizar investigaciones útiles, con visitas a las fábricas de relojería y a los artesanos. Informa al comité de que el señor Perrelet, relojero de Le Locle, es el creador de un reloj de tal construcción que se le da cuerda con el simple movimiento que se hace al andar sin sacarlo del bolsillo y que ese movimiento es suficiente para que funcione durante ocho días...». En sus notas personales, Saussure también escribía «...de ahí, el señor Perrelet, el inventor de relojes a los que se les da cuerda con el movimiento del que los lleva... Se vio en la obligación de tener que modificar el primero, porque no le había añadido un mecanismo de detención y porque uno de sus relojes se le había roto a un señor mientras iba corriendo. Ahora, no con pocas penas, consiguió integrarle un mecanismo de detención que funciona ». En lo que respecta a Frédéric-Samuel Osterwald –uno de los participantes en la elaboración de la Encyclopédie de Diderot y de Alembert– le llegó a preguntar a Jacques-Louis Perrot cuáles eran las novedades en la relojería de las montañas de Neuchâtel. Este último le contestó: «Los perpetuos objetos que llevamos inventando en nuestras montañas desde hace dos o tres años suscitan la curiosidad y no han dejado de darle fama a esos parajes. Son relojes más grandes de lo normal que se dan cuerda ellos mismos al llevarlos encima y dar unos pasos a lo largo del día. Basta caminar ocho minutos para darles cuerda para 24 horas...». En la corte de Versailles, el abad de Versailles y París, Joseph- Grellet Desprades, se mostró tan interesado por el invento que llegó a escribir 17 epístolas dirigidas al señor Osterwald. En el siglo XX, numerosos historiadores estudiaron el rico patrimonio relojero de Suiza y exaltaron sus orígenes. Tanto para obras especializadas como para prestigiosas marcas que buscaban investigar sobre su propio pasado, los historiadores rindieron homenaje a Abraham-Louis Perrelet, reconociendo su paternidad en la invención del movimiento de remontaje automático.