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Breguet - O como el Zar Nicolás Hayek ha devuelto la vida a la más graciosa bella durmiente

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noviembre 2009


Por Bastien Buss - Periodista en el cotidiano suizo “L’Agéfi”.

“Ya desde la década de los 80 del siglo XVIII, con su serie de complicados calendarios perpetuos, Abraham-Louis Breguet se erigió en el líder de casi todas las especialidades de la relojería,” escribe el historiador David S. Landes en su libro de referencia La revolución del tiempo: Los relojes y la construcción del mundo moderno. Un poco más allá, Landes continúa: “Tras Breguet, los relojes, a lo sumo, fueron buenas copias de sus modelos y conceptos.” Obviamente, el Genio de Neuchâtel dejó su impronta en la Historia de la relojería (con H mayúscula). Y, sin querer ofender a los franceses, que siempre han tenido una cierta tendencia a apropiárselo, Abraham-Louis era suizo de cabo a rabo, aunque la compañía que fundó y lleva su nombre se estableciera en París en 1775.

Pero, por increíble que parezca, el inventor del tourbillon, una de las más bellas y difíciles complicaciones que existen, había caído casi completamente en el olvido hasta hace apenas diez años. Imagínense la relojería sin Breguet, ¡es como la ópera italiana sin Verdi!

Adquirida por 165 millones de Euros

No fue hasta 1999 que esta empresa volvió a la vanguardia de la industria. En septiembre de ese año, Investcorp, una compañía de inversiones de Bahrain, deseaba desprenderse de su núcleo relojero que contaba con Ebel, Chaumet, Breguet y el fabricante de movimientos Nouvelle Lémania. Nicolas G. Hayek, el presidente del consejo del Grupo Swatch, la mayor organización mundial de relojería, se interesó por esta operación, pero su interés era solo por Breguet y Nouvelle Lémania. “Ahora que ya es agua pasada, creo que puedo decirles que compramos ambas marcas por alrededor de 165 millones de euros, sus deudas incluidas, más lo que gastamos en la recapitalización de los fondos de pensiones,” nos explica el patriarca de la relojería suiza. Las dos marcas restantes, Ebel y Chaumet, fueron adquiridas por el grupo LVMH por 305 millones de euros.

Breguet - O como el Zar Nicolás Hayek ha devuelto la vida a la más graciosa bella durmiente
Nicolas G. Hayek

Al recibir a Europa Star para la entrevista, Nicolás G. Hayek, de 81 años, nos atiende en su despacho de l’Abbaye, pequeña población del Vaud, en el valle de Joux, a 1.000 metros de altitud. Fuera, el sol brilla y se refleja en la abundante nieve que cubre este año la región entera. Estamos más que apartados del mundanal ruido de las metrópolis, pero es aquí, en este remanso de paz, donde el presidente de la manufactura Breguet ha remozado la marca, devolviéndole el lustre que tuvo antaño. En los últimos diez años, Breguet ha retornado a la primera línea de la relojería. Más aún, la empresa ha recuperado su posición privilegiada en el panteón de la relojería, un lugar del que no debiera haber salido.

Hayek lo admite sin pavonearse por ello. “No fue hasta más tarde que me apercibí de la perla que tenía entre manos con Breguet – el objeto perfecto para que la gente se apasione por él.” A pesar de que compró las dos compañías, bajo las increíbles condiciones que describe en su libro, su objetivo principal era hacerse con el control de Nouvelle Lémania, la empresa que suministra al Grupo Swatch los movimientos de la colección Omega Speedmaster (el reloj que fue a la luna). Era impensable que el fabricante de movimientos pasara a manos de la competencia. El amor por Breguet surgió, con toda naturalidad, como el agua de la fuente.

Reconstrucción Integral

El Presidente del Grupo Swatch, cuando aún era el Director General de todo el Grupo, se hizo cargo personalmente de Montres Breguet. Lo regeneró completamente y se rodeó de hombres afectos que a su vez estaban convencidos de que la marca podía hacer un regreso triunfal. De todas formas, la tarea era ingente. Bajo control de Investcorp, Breguet vendía cerca de 25 millones de euros y más o menos 4000 relojes. La firma estaba manifiestamente infracapitalizada y apenas conseguía mantenerse a flote.

Pero lo peor es que el tourbillon había casi desaparecido del catálogo que constaba esencialmente de relojes deportivos cuyo buque insignia por entonces era el Type XX.

Breguet - O como el Zar Nicolás Hayek ha devuelto la vida a la más graciosa bella durmiente

Paralelamente a una reforma integral del marketing de la firma con las célebres campañas publicitarias de clientes famosos y citas literarias, el nuevo jefe estableció que el énfasis iba a ponerse en las grandes complicaciones y, en especial, en el tourbillon, que en el glorioso pasado de la marca había seducido a toda Europa desde Londres a San Petersburgo. El retorno al tourbillon estaba cantado ya que su invención por Abraham-Louis Breguet constituyó el pilar fundamental sobre el que se edificó su reputación desde que sometió la patente en 1801.

Mientras que Abraham-Louis vendió 35 tourbillons en vida, la firma produce hoy unos 1000 anuales. Nicolas G. Hayek, que insiste en supervisarlo todo, desde el diseño a las ventas, pasando por la producción, controla la totalidad de las colecciones. Breguet se beneficia además de la enorme red de distribución y ventas del Grupo Swatch. Sin preocuparse de racionalización ni de eficiencia, Nouvelle Lémania se integró en Breguet dando lugar a la Manufacture Breguet que se encarga de la producción. Excepción hecha de los resortes (procedentes de Nivarox), las cajas y unos pocos movimientos encargados a Frédéric Piguet (también del Grupo Swatch), absolutamente todo el resto se hace en la manufactura.

Menos de diez años después, habiendo invertido más de 50 millones de euros en la remodelación, Breguet ha adquirido una imagen totalmente distinta. Ha ascendido peldaños en el mercado hasta alcanzar de nuevo la cumbre entre la Alta Relojería. Las ventas se han multiplicado de forma exponencial. Juzguen ustedes: las ventas se multiplicaron por diez. “Hemos vendido por valor de 350 millones de euros anuales y fabricamos más de 42.000 relojes y movimientos al año,” explica Hayek. Las iniciales dificultades económicas han sido reemplazadas por una extraordinaria rentabilidad de casi un 35 por ciento de margen operativo, sin mencionar la habilidad de generar enormes cantidades de capital circulante. Todo esto es más que suficiente para autofinanciar las inversiones de la firma. El número de empleados ha ido creciendo y a nuestros días, 685 personas trabajan entre el lugar de producción en l’Orient y la sede administrativa de l’Abbaye. La marca ha abierto también sus primeras boutiques, que ya son 14, cuando antes no tenía ninguna. A pesar de la crisis, se inaugurarán cuatro más en el curso del año.

¿La crisis?

Respecto a la situación económica, ¿qué impacto ha representado en el panorama de la Alta Relojería? “Breguet está más que superando la crisis. Es cierto que en algunos mercados las ventas se han resentido, pero en otros hemos observado aumentos sustanciales.” El año 2008 acabó sin que quedaran relojes en stock. A pesar de la recesión, Hayek no ha frenado la producción en Breguet. El utillaje de control numérico de la firma trabaja a tres turnos y los relojeros y artesanos trabajan a pleno rendimiento. “Hoy por hoy, disponemos de un pequeño stock suficiente para uno o dos meses pero no en el área de grandes complicaciones. Para éstas, nos es imposible satisfacer la demanda. Estos inventarios son muy manejables y Breguet no ha atosigado a sus revendedores a fin de inflar las cifras, cosa que hacen algunos de nuestros competidores,” añade. ¡Tomamos nota!

La Tradición

Para ilustrar la remodelación total del catálogo, pongamos por ejemplo el Tradition, que ha merecido multitud de premios y que sigue llevando la marca. Inspirado en un reloj de suscripción, esta pieza introdujo una de las principales invenciones de Abraham-Louis Breguet: el paracaídas, que data de 1790. Su misión es la de proteger el pivote cónico del eje del volante contra golpes laterales. El Tradition mejorado posee un movimiento nuevo que se desarrolló durante cuatro años y que fue completamente diseñado y fabricado en la manufactura. El ingenio nos muestra sus puentes, engranajes, el escape, el barrilete y otros componentes habitualmente ocultos bajo la platina. El Tradition ha sido fuente de inspiración para muchas otras marcas en cuanto al diseño se refiere

Breguet - O como el Zar Nicolás Hayek ha devuelto la vida a la más graciosa bella durmiente
Tradition

El Doble Tourbillon

Como segundo ejemplo, mencionaremos el reloj de tourbillon doble rotativo, cuya demanda se mantiene constante a pesar de su precio de 265.000 euros o incluso el doble de esa cifra para el modelo con diamantes. Dos tourbillones independientes se acoplan mediante un mecanismo con diferencial a una platina central giratoria (un giro completo cada doce horas). Los diferenciales transmiten el pulso promediado de los dos tourbillons a la platina central y a la esfera. Esto posibilita que los dos barriletes puedan armarse simultáneamente. Así, la prestación del reloj es resultante del promedio de ambos tourbillons, otorgándole el doble de precisión que a un movimiento normal. Los errores debidos al isocronismo del volante en posiciones verticales quedan totalmente contrarrestados..

Breguet - O como el Zar Nicolás Hayek ha devuelto la vida a la más graciosa bella durmiente
Doble Tourbillon

La Reina de Nápoles y María Antonieta

Hayek ha creado también una colección de relojes femeninos que han alcanzado un 20-30 por ciento de las ventas. El modelo Reina de Nápoles sigue siendo un éxito de ventas desde que se presentó en 2002. El María Antonieta fue presentado en la pasada edición de Baselworld 2008. Es una reedición del reloj de bolsillo de María Antonieta y es el principal motivo de orgullo del presidente Hayek. Reproduce fidelísimamente, hasta el último detalle, el fabricado por Breguet entre 1783 y 1827, a pesar de la controversia que ha suscitado el rumor de que el original está escondido en un cofre de un museo de Jerusalén. La recreación alberga una miríada de complicaciones, incluso horas saltantes, calendario perpetuo completo, repetidor de minutos, termómetro, ecuación del tiempo, etc. En total, el reloj María Antonieta encierra 823 componentes.

Una plusvalía de 1500 millones de euros

Mientras mira decididamente al futuro, Breguet no ha descuidado su patrimonio histórico. La marca sigue escudriñando las casas de subastas y Nicolas G. Hayek invierte cada año unos 6 o 7 millones de euros para hacerse con piezas históricas de Breguet. Emmanuel Breguet, representante de la séptima generación de la familia del fundador, es el responsable de recorrer el mundo para conseguir las piezas que Hayek desea. Como consecuencia, el pequeño museo de la marca, ubicado en la primera planta de la boutique Breguet en la Place Vendôme de París, ve como su colección aumenta de año en año. Hayek no está dispuesto a detenerse en medio de una carretera tan transitada ya que su punto de mira apunta a lo más alto. Se está estudiando el proyecto de un museo en Suiza del cual, a medida que se vaya concretando, la marca nos dará más detalles.

Más allá de Swatch y del Grupo Swatch, es en el proyecto Breguet donde puede apreciarse mejor la clarividencia industrial de Nicolás G. Hayek. “Sinceramente, nunca soñé que pudiéramos llegar a donde hemos llegado,” nos confiesa. Una década atrás, una parte de la dirección del Grupo mostraba sus reservas acerca de la adquisición de Breguet, hasta el punto de hacer peligrar la operación ya que se suponía que la transacción debía contar con la aprobación del consejo como paso previo a la firma de los contratos, protocolo al que Hayek no se sometió. Hoy, una institución americana valora la firma en más de 1500 millones de euros con un incremento del 780 por ciento respecto a lo que se pagó por ella. ¡Menuda plusvalía!

Cuando nuestra conversación se acerca a su conclusión, mientras Hayek atisba el lejano lago helado del Valle de Joux (Vallée des Bijoux, según él), le apreciamos una tímida sonrisa al contemplar semejante panorama. No nos lo va a admitir pero es evidente que aún tiene en mente cientos de proyectos para la marca. Y, mientras tanto, el sol luce en su apogeo, como Breguet, que está llegando a su cénit.