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¿Es la Relojería un Arte?

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diciembre 2012


¿Es la relojería un arte? ¿Es el arte 12º, tal como se proclamó solemnemente en el último Grand Prix de la Relojería de Ginebra?

Todo depende de la definición atribuida a la palabra «arte», una noción que cambia con el tiempo. Durante la Edad Media, las siete «artes liberales» que se enseñaban en los centros de enseñanza superior fueron la gramática, la dialéctica, la retórica, la aritmética, la geometría, la astronomía y la música. De entre todas estas disciplinas, solo la música es considerada hoy en día como un «arte», o más exactamente, un arte fino, cuya definición es la de «crear algo por su valor estético».

Sin lugar a dudas, la relojería es «fina», ¿pero es también una de las «bellas artes»?

Sí, si aceptamos que el resultado es «fino».

No, si tenemos en cuenta las condiciones en que se practica este «arte».

Como Franco Cologni nos recuerda en una entrevista concedida a Europa Star, el principio esencial del arte es la libertad de un creador. Un autor, pintor, escultor, músico o bailarín, en principio, es libre de actuar o de crear lo que quiera, sin preocuparse de nada más que de su propia expresión. Sin embargo, hay que matizar esta definición. No sólo no siempre ha existido un estado de libertad (pensemos, por ejemplo, en los pintores de la Edad Media, cuyos sujetos tenían que ser necesariamente religiosos) y aún esta no es universal, incluso hoy en día, pero no hay que olvidar que el arte, al que se elogia por su libertad, en sí mismo también depende de un mercado, en este caso, del mercado del arte. Su libertad es una libertad administrada. Y si el reconocimiento del «mercado» tarda en llegar, el artista, sin ningún tipo de audiencia, se ve reducido a la creación en la sombra. Esta libertad es aún más restringida en el caso del arquitecto, que sólo puede crear por encargo, y del cineasta, que, incluso antes de la creación, debe convencer a sus patrocinadores financieros.

La línea entre lo que es Arte y lo que no es (o no lo es enteramente) depende del uso que hacemos, o se va a hacer, del producto creado. Un cuadro, un poema o una pieza de música no tienen otro objeto fuera de sí mismos. Ellos están ahí para ser vistos, sentidos y escuchados. Un reloj, por otra parte, tan bella como sea, o tan cerca como pueda estar de un «objet d’art», mantiene su función esencialmente práctica, que consiste en dar la hora. Si a veces es «casi» un objeto de arte, no deja de ser todavía un esclavo de la función para la que ha sido diseñado. En esto radica toda la diferencia.

Aun así, de mil maneras diferentes, la relojería busca acercarse a la situación de una actividad artística. Esto puede significar el empleo todavía más de «artistas» - los famosos Métiers d’Art - empujando más lejos la característica esencial del reloj (véase, por ejemplo, las esculturas mecánicas de MB & F en este número) o moviéndose más cerca del mercado del arte gracias a las espectaculares subastas que están tratando de establecer verdaderos valores de mercado en los relojes tanto como los de los artistas. En este sentido, ¿esta la reciente subasta por Sotheby’s del Space Traveller’s Watch de George Daniels, que se vendió por más del doble de su estimación más alta para alcanzar la cifra récord de más de 2 millones de CHF, otorgándole al relojero Inglés el estatus de “artista "? En otras palabras, ¿Está alcanzando un objeto la categoría de arte cuando su valor se desconecta de su uso?

¿Es la Relojería un Arte?

Fuente: Europa Star Magazine Diciembre - Enero 2012-13

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