110. editoriales



Lakin anda suelto: El Peñón consigue que el tiempo sea el último mono

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junio 2007


Lakin anda suelto

Por D. Malcolm Lakin

Lakin anda suelto: El Peñón consigue que el tiempo sea el último mono

Gibraltar posee una historia bastante variopinta que voy a relatar en el mínimo de líneas que permite la buena educación... Érase una vez, cuando el mundo estaba naciendo y aún tenía que crearse el grupo Swatch, de repente apareció Gibraltar en el extremo de la península Ibérica: el mar Mediterráneo a la izquierda (si se mira hacia el cabo más noroccidental de África, a tan sólo unos kilómetros de distancia), el océano Atlántico a la derecha, y el estrecho de Gibraltar entre ambos (en esa época no existía la lengua castellana, por lo que estos nombres eran impronunciables). En una fecha posterior, los fenicios aparecieron tras dar un paseo para vender sus mercancías y rápidamente prosiguieron su viaje al darse cuenta de que el Peñón estaba despoblado y aún había que crear supermercados en ese lugar. Ni los griegos ni los romanos encontraron un motivo para establecerse allí, pero el montículo de 426 metros de altura les impresionó tanto que lo incluyeron en su mitología como uno de los Pilares de Hércules; el otro era el Monte Abila, en el lado marroquí del Estrecho. En el año 711 d.C.Tariq ibn Ziyad tomó el control del Peñón, que se conocía como Calpe, y le cambió el nombre por Jabal Tariq en su propio honor. Con el tiempo, se perdió la sílaba “iq” de Tariq y el nombre Jabal Tar se fue transformando en Gibraltar, y permaneció bajo control musulmán durante los ocho siglos siguientes, hasta que las tropas de Castilla lo conquistaron en 1309. Sin embargo, 24 años más tarde los árabes recuperaron el Peñón y lo conservaron hasta 1462, cuando volvió a cambiar de manos, al reconquistarlo –oh sorpresa– el Rey de Castilla. La Reina Isabel confirmó la ocupación del Peñón en 1501 cuando se izó la bandera española, y éste continuó bajo el mismo mandato hasta 1704, día arriba o día abajo, cuando una flota compuesta por ingleses y holandeses, capitaneada por el Almirante Rooke, lo ocupó sin siquiera tener que encañonar con un mosquete a una tortilla española.Como mera consolación, Gran Bretaña se encargó de Gibraltar hasta 1713, momento en que, en virtud del Tratado de Utrecht, se oficializó la adscripción británica del Peñón. Fue declarado colonia británica en 1830... condición que aún hoy conserva. En 1969, el general Franco, en un momento de entente no muy cordial, cerró la frontera con el Peñón y durante 13 años cualquier español aficionado a lo inglés debía tomar un barco desde Algeciras hasta Ceuta o Tánger y desde allí zarpar hasta Gibraltar, y regresar por el mismo camino, con menos dinero en el bolsillo y más salchichas y cerveza en el estómago que los restos que flotaban en el mar. El Peñón continúa bajo soberanía británica y el gobierno español sigue celebrando reuniones periódicas para reclamarlo, pero los gibraltareños, que El Peñón consigue que el tiempo sea el último legalmente tienen la última palabra, disfrutan de su paraíso fiscal, sus pubs ingleses, cigarrillos y alcohol libres de impuestos, su ajetreada Main Street y de los macacos que habitan la parte superior de la zona y entretienen a los turistas saltando sobre rubias gritonas y haciendo gestos que les llevarían derechos a una consulta psiquiátrica si fuesen humanos. La población de Gibraltar asciende a 27.928 personas (los monos se contabilizan aparte), y uno de ellos es un viejo amigo de Europa Star, el vendedor de relojes Sunder Khiani, presidente del grupo Khiani. El grupo dispone de tres puntos de venta al detalle en Main Street y otro en el aeropuerto de Gibraltar. Da la casualidad de que las tiendas del grupo eran las únicas que estaban abiertas en Gibraltar cuando fui de visita, no hace mucho, una tarde de sábado. Parece ser que por alguna razón que conocen mejor los visigodos que se establecieron allí hacia el año 4, los gibraltareños reservan la tarde de los sábados para ver partidos de críquet o de la liga inglesa de fútbol vía satélite en los pubs antes que reabastecer su armario o su nevera. El padre de Sunder, Valiram, abrió la primera tienda en 1967; junto con su hermano Prekash, ya fallecido, Sunder fortaleció el negocio ofreciendo marcas suizas líderes de mercado como Baume & Mercier, Blancpain, Breitling, Corum, Maurice Lacroix, Movado, Piaget, Pilo y Raymond Weil, entre otras muchas. Khiani es un hombre muy amable y de mentalidad abierta; su empresa familiar se basa en presentar los relojes de manera objetiva a sus clientes, a los que suele tratar como si fuesen viejos amigos. Tras charlar acerca de los obstáculos que encuentran los vendedores de relojes –tanto materiales como personales– en el Peñón, Sunder me llevó a tomar té con pastas a The Rock Hotel, el más selecto de Gibraltar. A continuación recorrimos la isla, incluyendo una parada en el supermercado más grande de la cadena Safeway que jamás había visto para comprar vinagre de malta, esencial para preparar fish and chips al estilo inglés, y sirope Golden Syrup, igual de indispensable para esparcir sobre tortitas el martes de Carnaval. Abandoné el Peñón y la compañía de Sunder atravesando el kilómetro y medio de autopista que separa Gibraltar y España. Mientras esquivaba hábilmente los Boeing 747 y Airbus 380 que llegaban, no pude evitar pensar cómo el hombre, en su sabiduría infinita, ha conseguido que el Peñón quede detenido en el tiempo, un lugar donde se vive de manera despreocupada... donde los macacos desempeñan un papel más importante en la vida de los gibraltareños que los relojes del grupo Swatch.